Para conocer Francia hay que mirar a sus hombres y mujeres como admirables actores en un gran teatro, llevando a cabo una apacible obra de armonía al confeccionar sus vinos, sus perfumes, sus tejidos, al salir a sus calles y fusionarse con todos sin perder su personalidad, al subir sus montañas o descansar en sus playas.
Francia es un país fantástico. En sus calles es posible vivir la ilusión de épocas pasadas con sus castillos y palacios o la simplicidad pueblerina. También, podemos vivir el sueño cosmopolita y de vanguardia o remontarse al encantamiento de las leyendas más antiguas. Perderse en su interior es fácil, agradable y placentero, con el agregado de seguridad que brinda la posibilidad de retornar rápidamente al presente, aunque no todos deciden volver.
Un viaje por estas tierras, el contacto con su gente y sus obras vivas es un riesgo para el viajero ya que existe la posibilidad de que al regresar, "el presente sea diferente a como sería antes de descubrir Francia".
Con 75 millones de turistas extranjeros al año, es uno de los destinos más populares en todo el mundo. Una característica de sus pobladores es la apertura cultural hacia otros habitantes del planeta dentro y fuera de su territorio, sin perder su individualidad o afectar su nacionalismo. A los franceses les agrada que los visitantes se esfuercen por hablar en su idioma, aunque más no sea con un pésimo acento. Son más amigables cuando ven el interés del turista por hablar francés.
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